sábado, 18 de febrero de 2012

Ataque al call de Barcelona de 1391

Los ataques o pogromos de 1391 fueron una revuelta popular dirigida contra los judíos que se inició el 6 de junio de ese año en la ciudad de Sevilla. Y se extendió posteriormente por todos los reinos hispánicos. Hubo saqueos, incendios, matanzas y conversiones forzadas de judíos en las principales juderías de las ciudades de casi todos los reinos cristianos de la Península Ibérica: las coronas de Castilla y Aragón y en el reino de Navarra. Las revueltas más graves fueron las iniciales, que comenzaron en Sevilla y se propagaron a Córdoba, Toledo y otras ciudades castellanas culminado en la destrucción del call de Barcelona en 1391.
La reciente investigación arqueológica del programa Sota Terra de TV3 ha determinado que el ataque al call de la ciudad de Tárrega de 1348 es uno de los primeros progromos que se produjeron en toda Europa relacionados con la vinculación de los judíos a la epidemia de peste negra de 1348.
El 5 de agosto de 1391, día que se festejaba Santo Domingo, fue asaltada y destruida la judería o call de Barcelona, que para la época contaba con el 15% del total de la población de la ciudad (Benjamín de Tudela, a su paso por la ciudad en el siglo XI, la describió como una comunidad santa de hombres sabios y prudentes y grandes príncipes). Se produjeron unas 300 muertes. Las cinco sinagogas al menos del call, junto a todos los bienes de la comunidad judía, pasaron a ser propiedad del rey.


La presencia de la comunidad judía en Barcelona está documentada desde el siglo VI d.C. y pasa por ser una de las mayores juderías de la península y también de las más influyentes.
Obtendría gran poder durante el reinado de Jaime I que pide importantes créditos a los judíos para sufragar sus ambiciosas campañas militares como la conquista de Mallorca y Valencia y, a cambio, habría otorgado privilegios que chocaban con la resolución del IV concilio de Letrán de 1215 en el que se recomendaba a los monarcas impedir el acceso a los judíos a la administración pública si el cargo comportaba autoridad sobre cristianos, limitar el interés de los prestamos al 20% y la obligación de cerrar el recinto de la aljama así como la obligatoriedad de que los judíos vistieran la rodela (más tarde en 1268 Jaime I dispensaría a los judío de vestirla)
En 1275 el Papa Gregorio X recordaría a Jaime I la obligatoriedad de amurallar el recinto del call lo que significa que hasta entonces no se había hecho.
1285 Pere II promete a los nobles que ningún judío ocupará el cargo de batlle y que tampoco tendrán cargos que supongan autoridad sobre los cristianos. A partir de este momento aumenta la presión fiscal sobre las aljamas y también la ideológica con la nueva doctrina antijudía de la Iglesia.
La llegada de las ordenes predicadoras (dominicos y franciscanos) y la reciente autorización de predicar en las sinagogas otorgada por la Disputa de Barcelona de 1263 en la que se enfrentaron Mosé Ben Nahman y San Raimon de Peñafort, y que terminó con la censura y quema de los libros judíos, la obligación de abrir las sinagogas a las prédicas de los dominicos y el exilio de Ben Nahman a Jerusalén.
Estas prédicas se irán haciendo más agresivas por culpa de los exaltados que acompañan a los monjes y que provocan disturbios que obligan al rey ordena a sus alguaciles que prohíban la entrada a elementos agresivos si bien no exime a los judíos de la obligación escuchar las prédicas de los monjes en sus propias sinagogas.
Toda Europa sufría desde hacía medio siglo la peste de 1348, de devastadoras consecuencias demográficas (se calcula que murió la tercera parte de la población del continente), socioeconómicas y políticas. En la búsqueda de explicación al fenómeno fue habitual recurrir a todo tipo de causas imaginarias, como atribuirlo a un castigo divino a los cristianos por permitir la presencia de la raza deicida (los judíos) entre ellos; o culpar directamente a los judíos de envenenar los pozos de agua para propagar la peste (atribuiyéndoles el propósito de destruir la cristiandad). El deterioro de la convivencia, alterada también por la fama que tenían los judíos de ricos y el afán de robarles, llevó al estallido de revueltas antijudías, incluyendo la matanza de miles de judíos, que comenzaron en la Europa central y se extendieron hasta España.
Las causas más profundas derivan de la crisis del siglo XIV, que, además de sus efectos económicos y sociales, en la Corona de Castilla había dado lugar a la Primera Guerra Civil Castellana y el establecimiento de la Casa de Trastámara, enfrentada desde 1390 a un momento especialmente delicado: la llegada al trono de Enrique III de Castilla en minoría de edad (11 años); a lo que se sumaba la relación entre la monarquía autoritaria y los judíos, sobre todo la percepción social de esa relación.
La hostilidad manifiesta contra la población judía en Sevilla se vio acentuada desde el escándalo que protagonizó en 1379 José Pichón (de nombre judío Yusaph o Yuzaf), almojarife y contador mayor (administrador de los impuestos reales) de Enrique II de Castilla. Denunciado por sus propios correligionarios judíos, fue primero a la cárcel, de la que se libró con el pago 40.000 doblas. No obstante, fue ejecutado en su propia casa por tres miembros de la comunidad judía, según la costumbre (tras obtener un albalá que permitía la muerte de los malsines). El rey, enfurecido, mandó matar a los tres judíos responsables de la ejecución, y cortar la mano del alguacil mayor que había intervenido en ella. A partir de entonces se retiró a la comunidad judía la potestad que hasta entonces había tenido de aplicar justicia de sangre entre sus miembros.
 La causa desencadenante inmediata de la revuelta sevillana fueron las predicaciones antijudías que desde hacía quince años (1376) venía efectuando el arcediano de Écija, Ferrán Martínez, que incitaba a la población de Sevilla contra los judíos.9 A los protagonistas del tumulto, seguidores del predicador, se les conocía como matadores de judíos.10 A los motivos religiosos, se sumó la percepción de impunidad de los que asaltaban y destruían las sinagogas, a causa de la situación política (vacío de poder durante la minoría de Enrique III).
Las matanzas de judíos se extendieron a otras ciudades, primero del valle del Guadalquivir (Córdoba, Andújar, Montoro, Jaén, Úbeda, Baeza, etc.) y luego de la Meseta Sur (Villa-Real -hoy Ciudad Real-, Cuenca, Huete, Escalona, Madrid, Toledo -18 de junio-, etc.) y otras zonas castellanas (Burgos, Logroño -12 de agosto-, etc.) y de la Corona de Aragón (Valencia -9 de julio-, Orihuela, Játiva, Barcelona -5 de agosto-,Lérida -13 de agosto-, Mallorca, etc.) donde había también notables predicaciones antijudías: las de San Vicente Ferrer (su lema era bautismo o muerte ). Hay autores que niegan que Vicente Ferrer estuviera en Valencia en 1391 y que insisten en que nunca aprobó la violencia, aunque sí que pensaba que aquel quebranto era una buena oportunidad para intensificar la catequesis.
En el momento de los pogromos, las Cortes de Castilla estaban reunidas en Madrid. Al enterarse de los acontecimientos, se decidió enviar un procurador a cada ciudad con una carta, redactada en los términos más apremiantes posibles, en la esperanza de que se consiguiera contener la revuelta; objetivo que sólo se consiguió parcialmente.
Los procesos históricos que surgieron y continuaron posteriormente a la revuelta fueron muy significativos: fundamentalmente el problema cristiano viejo-cristiano nuevo originado como consecuencia de la aparición de una numerosa comunidad de judeoconversos a partir de las conversiones forzosas (fueran sinceros cristianos o mantuvieran en secreto su antigua fe -criptojudíos-, pues todos ellos eran percibidos socialmente de forma conjunta e indistinta, y llamados despectivamente "marranos"). El denominado "problema converso" tuvo como hitos fundamentales la revuelta de Pedro Sarmiento o revuelta anticonversa de Toledo (1449), la creación de la Inquisición española (1478) y la expulsión de los judíos de España de 1492; y ni siquiera terminó entonces, sino que continuó en la Edad Moderna.
Bibliografía:
Rafael Ramírez de Arellano, Matanza de judíos en Córdoba. 1391
Yolanda Moreno Koch y Ricardo Izquierdo Benito, Del pasado judío en los reinos medievales hispánicos: afinidad y distanciamiento, Universidad de Castilla La Mancha, 2005,

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